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Apartadas del mercado por su baja eficiencia, las bombillas de incandescencia podrían tener una segunda oportunidad.

Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts (EEUU) han conseguido que el calor que emiten se convierta en más luz. Con los primeros prototipos han igualado el rendimiento a algunas lámparas Led, y gracias a la nanotecnología están convencidos de que iluminarán más y mejor que las luminarias actuales.

La tecnología de las lámparas de incandescencia es de las más ineficientes generadas por el ser humano. Desde su invención hasta ahora sus fundamentos han cambiado poco: la corriente eléctrica pasa por un material que se funde a una temperatura muy elevada, rodeado por un gas inerte para que el filamento no se queme y todo ello encerrado en una cápsula de vidrio. El problema está en que esta tecnología consume demasiada energía para la poca luz que da. Sólo entre el 10 y 15% de la energía utilizada se convierte en luz, el resto se transforma en calor.

Los Investigadores del Instituto Tecnológico de Massachusetts han rodeado el filamento con 300 finísimas capas de materia (óxidos de silicio, de aluminio, tantalio o titanio) para convertir el calor emitido en luz, aprovechando así la energía perdida.