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La temperatura ideal para darnos una ducha está entre 25 y 30 grados, es decir, agua templada. Ducharnos con agua templada ayuda a mantener nuestra piel más hidratada, tersa y con los poros cerrados.

Si hablamos de darnos un baño, según qué finalidad busquemos, la temperatura varía.

Se recomienda darnos un baño relajante entre 29 y 37 grados, pero no es recomendable estar más de 15 minutos ya que nuestra piel se deshidrata.

Los  baños con agua fresca, entre 18 y 24 grados, reactivan pero deben de ser cortos ya que pueden generar problemas de entumecimiento.

Ducharnos con agua templada tiene múltiples beneficios:

*el aspecto de la piel mejora

*se mantiene hidratada, tersa y con los poros cerrados

*mejora la circulación sanguínea

*estimula el metabolismo

En cambio, ducharnos con agua demasiado caliente elimina los lípidos y la grasa natural de la piel que forman una barrera natural que previene la evaporación del agua.

Se recomienda que las personas con enfermedades cutáneas se duchen con agua templada, por los beneficios anteriormente indicados.

Acabar la ducha con agua fría es una buena opción para cerrar los poros, activar y mejorar la circulación sanguínea, mejorar la irrigación en todo el cuerpo, lo que beneficia en la cicatrización de heridas.

Reduce también las inflamaciones, aumenta el metabolismo y activa los mecanismos de defensa.